martes, 19 de abril de 2011

SEMANA SANTA EN PUEBLO VIEJO


EL PESQUERITO



Mi padre Rodolfo Barrios
Saint-Andre, mis hermanos
Paula, Martín y el "Frijol".
Fotografia de Rodolfo Barrios 
Gutiérrez





        De mis amigos y compañeros del pueblo podría decirles mucho, pero si de algo estoy seguro y me darán razón de esto, es que cambian con el cotidiano correr de los años. Lo que se dá al principio son amistades, compañeros de juego que se componen de los vecinos de la calle y los compañeros de la escuela, amistad que se afianza con el correr de los años y que al recordarlos nos remontamos a esos momentos de nuestra infancia. 

            En los años 60's frente al " Pesquerito", no teníamos la cancha Lázaro Cárdenas, en su lugar había un campo en que nos divertíamos según la ocasión y la temporada del año. Con los nortes volábamos papalotes, cometas y pandorgas, éstos, tan pronto remontaban las alturas atraía a otros niños que se unían al juego.En otras tardes sólo se platicaba de cualquier evento; la película de como mató el Santo a la momia; si el monstruo de la Laguna Negra podía llegar nadando a la Laguna de Pueblo Viejo; de la última aventura de Kaliman y como acabaría con el caballero negro; en otros momentos jugar la cáscara de fútbol; jugar luchas enmascarándonos de plata como el legendario Santo; andar en bicicleta; tirar con resortera o lanzar un viejo disco de aluminio, el campo era nuestro. 

            Pero en semana santa el campo se convertía en una feria, en un tianguis en el que se improvisaban restaurantes de enramadas: el de los Mar, el de Don Luis y el del señor Adrián Antillón Fernández el "Peinetas". También se instalaban pequeñas enramadas, en una de ellas comprábamos raspas a Munda; en otras tenían ventas de sombreros de palma, manualidades y artesanías. Los turistas que llegaban a Tampico procedían de toda la región, en su mayoría eran de Monterrey, lo sé porque los músicos no dejaban de tocar el corrido de Monterrey, con orgullo lo pedían, lo cantaban y lo pagaban, olvidando su fama de codos una vez que se metían entre pecho y espalda más de media docena de tecates. Su recorrido turístico comenzaba en Tampico, en el corazón de la ciudad. Llegaban a la plaza de la Libertad y bajaban caminando con rumbo al río, cruzaban la plaza Hijas de Tampico y entraban en la zona franca. Ahí estaba un pequeño muelle en el que atracaban las lanchas, la del compa Cirilo, las de los Mar y otras que recuerdo por los nombres: "Olga I", "Olga II", "Tampas" y "La Florida". De ahí salían, navegaban por el río al lado de los barcos mercantes y entraban al canal que une al río Pánuco con la laguna, pasaban por la isleta donde sobresalía una cruz en donde siempre preguntaban a que se debía y todos contestaban que ahí festejaban a San Rafael, santo patrono de los pescadores, pasaban muy cerca de las charangas y los manglares, sentían el olor del agua salada, respiraban ese aire puro, escuchaban el canto de las aves, veían el volar de las gaviotas y el pescar de las garzas. Llegaban al muelle del "Pesquerito", un paseo que unía al corazón de Tampico con el corazón de Pueblo Viejo, que se dió hace ya 50 años, mucho antes de que se pusiera de moda el ecoturismo. Los paseantes comían los mariscos más sabrosos y frescos que hubiesen probado en su vida, paseaban por el pueblo y visitaban el retiro de Lourdes. De regreso, el mismo recorrido y al corazón de Tampico. Con el tiempo este paseo terminó cuando el gremio unido de alijadores sacó todas las lanchas de ese muelle, trasladando algunas lanchas a la Puntilla. En semana santa se trabajaba mucho, solo salíamos a jugar al finalizar el día y con él la jornada laboral. Poco a poco llegaban los niños, y familiares de los trabajadores del "Pesquerito" y comenzaban los juegos. Al finalizar la semana santa todo volvía a la normalidad. El campo regresaba a ser nuestra unidad deportiva y de recreación, llegaban niños de todos lados a jugar.

          De los conocidos en el pueblo de esos tiempos: Gaby, Emilio Ballato el "Millo", el "Bagre"(q.e.p.d.), el "Mono", Tito Lince, el Camarón, "Bayo", "Bilioso", "Chocolate", Enrique y "Negro" Valdéz, "Leonardo Valdez "hermano Nito", el "Jorge Rivero" (q.e.p.d.), el "Pujul", el "Celes", el "Jabalí" (q.e.p.d.), Lalis, la "Galla" y su hermano el "frijol"; Rafael, Juan el "Cocoliso" , la "Mariposa",la "Guapa" (q.e.p.d.), Toni la "muerte", el "Naringas", el "Popis", Fulgencio Flores "Kento", Esteban Del Angel (q.e.p.d.), "Tavo", el "Pillado" , el "Marrioli", Priscila, Rosa Campos, Teresa Campos, Cande, Rosario y Doña Maura. Mis hermanos: Amada, Gaby, Fito, Guty, Martín, Juana. Mis Sobrinos Juan, Marichuy, Claudia y Gabriela.



Rodolfo Barrios Gutiérrez   "Ruddy"         


2 comentarios:

  1. Los merenderos del pueblo….
    Descubrí manos de piel gruesa e insensible, sinuosas y danzarinas, pesadas y tormentosas de pulgares lentos y meñiques atrofiados, majestuosas y creativas, delirantes y agitadas, manos sin paz que remendaban los estragos de la red que al día siguiente entregarían al merendero la mojarra, el sargo o la tilapia, mientras la jarana iniciaba los acordes del “querreque” al ver la lancha que se acercaba ondulante sobre la laguna platinada, era la cuerda de sonrientes turistas venidos del otro lado del Panuco que después de atracar descendían uno a uno al momento de que el violín floreaba el “caballito” para después de entregarse a una pecaminosa gula trepar y a la sombra del cobertizo, la frescura de la brisa y el arrullo de las olas iniciar la modorra del regreso con los lejanos acordes de la guitarra quinta y la “serenata huasteca”…
    Sir Libélula

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  2. Así fueron mis días de pinta en pueblo viejo…
    Conocí el sitio donde mueren las libélulas, descubrí el momento en que baja el mar, vi al sol ocultarse en un segundo, derrote la resistencia aerodinámica con mi frágil papalote de papel, desintegre paradigmas espacio-tiempo con mis zambullidas en la laguna, destruí nidos de gorrión, abrí ventanas en el tiempo de la imagen congelada del retiro de Lourdes, bebí la sabia mineral del hemorrágico venero de la fuente, perseguí lagartijas correlonas entre la hojarasca, robe duraznos del huerto de Doña Zoila, épicos días de pinta, de incursiones furtivas llenas de emociones inocentes que en ocasiones eran coronadas por una fuerte reprimenda de mi madre…. Quisiera volver…. Entonces toda era más simple… todo se solucionaba con una sonrisa y un tierno beso en la mejilla… quiero volver….
    Sir Libélula

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